Descubriendo la Colección Hochschild

La mayor colección privada de arte contemporáneo peruano del mundo llega por primera vez a España.

“Todo surgió hace cinco años de una conversación con mi padre que nació de una copa de vino tinto. Empezamos sin saber nada, con la ayuda de quienes estuvieron dispuestos a arriesgarse y a apostar por una locura más…”, con estas palabras describe Alexia Hochschild, hija de los mecenas peruanos Eduardo y Mariana Hochschild, cómo empezó la mayor colección privada de arte contemporáneo peruano del mundo, recientemente reconocida con el Premio A de ARCO. Precisamente en el marco de la edición 2017 de ARCO se presentó el pasado mes de febrero la exposición “Próxima parada. Artistas peruanos en la Colección Hochschild”, que da a conocer por primera vez en Europa los tesoros de los Hochschild en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. Hasta ahora, las piezas habían decorado las residencias familiares, las oficinas de las empresas del Grupo Hochschild Mining y la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC), donde el arte es materia obligatoria para los estudiantes de ingeniería. Gracias a las gestiones de la galerista María Porto y bajo la selección del prestigioso comisario canario Octavio Zaya, 63 obras de 43 artistas han viajado por primera vez desde el Perú para proporcionar, en palabras del comisario: “Una visión única y singular de la extraordinaria creatividad de los artistas peruanos desde su país y en el exterior”.

Unos días antes del cierre de la exposición, los patronos y amigos de la Fundación Perú España tuvieron el privilegio de conocer de cerca la muestra en un encuentro con Alexia Hochschild, que compartió su visión personal de una colección que empezó “como un juego” y que acumula ya más de 1.500 obras. Como adelantaba en su introducción en el catálogo de la exposición: “El arte es tener la enorme suerte de conocer a los artistas, a los nuevos revolucionarios que se atreven a exponer al mundo algo que jamás ha visto, pero que da voz a tantos que no la tienen”.

La exposición contaba con obras de artistas muy reconocidos en el arte latinoamericano como José Sabogal, Fernando de Szyszlo, Martín Chambi, Fernando Bryce, Teresa Burga o Tilsa Tsuchiya, y con obras también de nuevas generaciones de artistas peruanos. “Lo que queremos es que los artistas peruanos logren reconocimiento, y que el arte peruano, sobre todo el contemporáneo, gane peso a nivel mundial”, remarcaba Alexia Hochschild antes de dar comienzo a la visita de la exposición.

Tras la bienvenida por parte del Subdirector de Bellas Artes de la Comunidad de Madrid, Antonio Sánchez Luengo, el recorrido comenzó cruzando los “Ambientes de Estéreo Realidad” del artista José Carlos Martinat, una instalación específicamente adaptada para la Sala Alcalá 31 en la que diez impresoras térmicas conectadas a un software buscaban en la red preguntas sobre las relaciones entre Perú y España. Las respuestas se iban imprimiendo en papeles rojos y amarillos, que se amontonaban en el suelo formando la bandera de España. Esta obra avanzaba ya la diversidad de formatos que nos encontraríamos a lo largo de la exposición: desde un kraken gigante de cerámica esmaltada de David Zink Yi, hasta reinterpretaciones de la cultura peruana como la estera de 14 metros de Ximena Garrido-Lecca en “Líneas de fuga”, o las “Topografías” de Miguel Andrade Valdez que aglomeran los clásicos carteles de la música chicha, con sus colores fluorescentes y tipografías gruesas.

“Lo que queremos es que los artistas peruanos logren reconocimiento, y que el arte peruano, sobre todo el contemporáneo, gane peso a nivel mundial”, Alexia Hochschild.

Con la cercanía de quien ha establecido una relación especial con cada una de las obras (“llegas a conocer las piezas casi tan bien como a los artistas, y les coges cariño a esos amigos inmóviles que te hacen pensar sobre una realidad distinta…”), Alexia nos presentó la exposición pieza a pieza. Una de sus obras favoritas es “Bajo el sol negro”, de Milagros de la Torre, un políptico de negativos fotográficos en el que los retratos de diez personas aparecen con las caras veladas en rojo: “En los años 50 y 60, el documento de identidad del Perú registraba, además del nombre, la edad y el sexo, la raza de la persona. El racismo era tal que el que pudiera figurar en el carné de identidad como ‘blanco’, tendría mejores oportunidades de trabajo, educación y las puertas más abiertas en general… Para parecer más blancos de piel en sus fotos del DNI, se pintaban la piel y el pelo con mercurio. Se envenenaban de manera constante para poder tener mejores oportunidades en una sociedad que les decía lo contrario…”. Si preguntáramos a su padre, Alexia comentó que seguramente destacaría las obras de José Sabogal, reconocido nacional e internacionalmente por haber dedicado su vida a promover el movimiento indigenista de Perú. “Sabogal es el artista más influyente de la primera mitad del siglo XX de Perú”, según asegura Natalia Majluf, investigadora y directora del Museo de Arte de Lima, en el catálogo de la exposición.

Entre los tesoros de los Hochschild destacan también una colección de sesenta postales “Vintage” de Martin Chambi, “seguramente el fotógrafo más universal de Perú, aunque en nuestra era de celebridades y redes sociales muchos consideran que Mario Testino ya le pisa los talones” en palabras del comisario de la exposición. Alexia nos contó que su padre prestó a Mario Testino uno de los últimos retratos de Chambi para que se inspirara para su serie “Alta Moda”, en la que Testino retrata con detalle los trajes tradicionales andinos, precisamente sobre un telón de fondo que antes había utilizado Chambi.

A la visita se unió Sandra Gamarra, una de las artistas presentes en la muestra que explicó en primera persona su instalación, un castillo de naipes con 105 pinturas de piezas arqueológicas incas hechas a partir de las imágenes publicadas en el catálogo de la exposición “Machu Picchu: Unveiling the Mystery of the Inca”, organizada por la Universidad de Yale en 2004. La obra reflexionaba sobre el concepto occidental de museo y sobre la devolución de las piezas al Perú tras concluir su período de cesión a Yale, por su colaboración en el redescubrimiento del Machu Picchu en 1911: “Un recuerdo de un museo que no existe, que además hay que reconstruir, una metáfora circular”.

Alexia Hochschild cerró la visita comentando que las obras volverían a casa “para devolverle a mi madre las pinturas del salón, las obras de Bryce y Szyslo estaban allí… Pero las obras de Jerry B. Martin se van al MoMA”. Muchas de las obras seguirán estando al alcance del público en la planta baja de la flamante sede de la UTEC en el barrio de Barranco en Lima, una sede que ha sido reconocida en 2016 como el mejor edificio del mundo por el Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA); y muchas otras obras, probablemente, sigan recorriendo mundo pronto para impulsar a los artistas peruanos contemporáneos en el panorama internacional.