Presentación del poemario “Harmonices Mundi” en Madrid

Con la participación de Luis García Montero, Fernando Iwasaki e Inmaculada Lergo.

El pasado 21 de septiembre, la sala de prensa de Casa del Lector se entregó a la poesía peruana. Tras una primera presentación en la Universidad de Salamanca el pasado mes de abril, la Fundación Perú España reunió en Madrid a tres buenos amigos del poeta peruano Eduardo Chirinos para presentar “Harmonices Mundi”. El libro, publicado por la editorial Point de Lunettes, recoge los últimos poemas escritos por Chirinos antes de morir el pasado febrero en Montana (Estados Unidos), donde trabajaba como profesor universitario. “Aunque lamentablemente el poeta no nos puede acompañar, tenemos sus versos y sus libros, que felizmente nos acompañarán por siempre”, dijo el escritor Fernando Iwasaki resumiendo el espíritu del encuentro.

Abrió el acto Inmaculada Lergo, directora de la colección “Los abisos de Point” y amiga personal de Chirinos, refiriéndose a la grandeza literaria y humana del autor: “En una de las últimas grandes antologías de poesía peruana, el reconocido crítico José Miguel Oviedo eligió 20 poetas para el siglo XX en Perú, y uno de ellos es Eduardo Chirinos. Pero no estamos aquí porque era uno de los grandes poetas del siglo XX, sino porque Eduardo era un alma grande”. En su introducción, Lergo nos habló de las referencias del poeta en este libro: lo tituló en honor a la obra homónima de Kepler de 1619, y los poemas surgieron de la contemplación de los collages del artista peruano Miguel Von Loebenstein… Se refirió también a la geometría “casi cubista” de las imágenes de los poemas de Chirinos y a su particular relación con las palabras, “a las que se dirigía de igual a igual, como si fueran personas”. Al dar paso a Fernando Iwasaki, advirtió que “la palabra ‘amigos’ entre Eduardo y Fernando se queda corta: vivieron una hermandad muy especial. En el libro, Fernando dice que estaban unidos por la chicha, los flanes, las gelatinas, los alfajores y las tortas… y toda la vida por los libros”.

“Comenzamos a publicar a la vez, en los 80, y se convirtió en uno de los poetas referentes de mi generación” Luis García Montero.

En su intervención, Iwasaki sintió que más que hablar de poesía, debía hablar “del hombre que escribía poesía” y “del niño que leía poesía”, y de cómo Chirinos se preparó desde la infancia para ser poeta. Un poeta cuya pesadilla eran las matemáticas y que paradójicamente acabó “acariciándolas” en su último libro. “Quién le iba a decir a Eduardo que en esta suerte de homenaje al universo geométrico de Kepler iba a estar también su poesía. Que en este libro iba a aparecer la geometría de una forma tan bella, tan plástica, tan colorida. Yo creo que Eduardo no sólo murió poeta, sino también matemático”.

Cuando murió Chirinos, el reconocido poeta español Luis García Montero buscó su compañía y su presencia, “como se hace cuando muere un amigo”, revisitando sus libros. Y en las páginas de uno de ellos encontró la carta en la que Fernando Iwasaki propició su encuentro con la poesía de Chirinos en 1996. Más tarde conocería personalmente a Chirinos en Madrid y forjarían una buena amistad durante presentaciones y viajes por toda América Latina, donde constató “cómo era querido y reconocido por poetas de todas las naciones hispanoamericanas”. “Comenzamos a publicar a la vez, en los 80, y se convirtió en uno de los poetas referentes de mi generación. Eduardo ha sido un protagonista importante en el esfuerzo para unir lazos entre los distintos países de la lengua”.

“Decía César Vallejo que ‘murió mi eternidad y estuve velándola’, y cuando leo a Eduardo siento que hago eso, estoy velando su eternidad” Fernando Iwasaki.

Tras dar la palabra al propio Eduardo leyendo los versos de “Había una vez”, García Montero contó la anécdota de cuando Chirinos recibió el premio Casa de América de Poesía en 2011: “El jurado estuvo discutiendo horas, sin saberlo, sobre dos libros del mismo autor”. Finalmente ganó “Breve historia de la música”, pero el segundo libro que había sido seleccionado también era de Chirinos… En 2009 había recibido ya el premio Generación del 27 por “Mientras el lobo está”.

Cerró el acto Iwasaki preguntándose cómo se enfrenta a la poesía un poeta que sabe que su fin está próximo. “Leo sus poesías, sus versos, y voy buscando esa relación con la enfermedad, con algún deseo de trascendencia. El poeta sabe que su transcendencia está en sus versos. Sabe que su eternidad está en sus palabras. Decía César Vallejo que ‘murió mi eternidad y estuve velándola’, y cuando leo a Eduardo siento que hago eso, estoy velando su eternidad”.